¿Cómo debería funcionar un albergue de paso con base comunitaria?

Solidaridad ciudadana basada en acción humanitaria, acción sin daño y reconocimiento de derechos

La expresión “Flujos mixtos migratorios” se utiliza para describir el fenómeno de la migración de personas que puede ser pendular, es decir que van y regresan de su sitio de origen; con vocación de paso que se refiere a aquella donde el migrante usa el territorio como paso a otro país de destino; y aquella que tiene vocación de permanencia. Detrás de ese término está presente el drama humano de más de un millón de venezolanos que se han visto forzados a dejar su tierra.

Hablamos de cientos de miles de personas que deciden en medio del dolor empezar un camino muchas veces con sus hijos y sus pocos enseres en un camino que puede durar semanas donde los peligros y la incertidumbre están siempre presentes. Hemos podido ser solidarios con madres cuyos bebes no tienen más de un mes de edad, que caminan a la vera del camino un día a la vez.

Y en este escenario, hemos sido de uno de los gestos de solidaridad ciudadana más bonitos. En el departamento de Arauca nos encontramos con organizaciones civiles quienes quieren brindar su hospitalidad solidaria con estos desconocidos. Esto no es inusual. Gracias al cielo son muy frecuentes estas iniciativas de ciudadanos y ciudadanas que quieren apoyar de la mejor manera a los afectados por las emergencias (de hecho, es de eso de lo que se trata la iniciativa Kitum: Estoy Aquí Para Ti). Lo que hace tan bonita esta experiencia es precisamente el hecho de que quienes quieren prepararse mejor para ayudar lo mejor posible, son personas que fueron víctimas de desplazamiento forzado. Este artículo se dirige a ellas y ellos, y a los grupos de ciudadanos que quieren ayudar, pero quieren hacerlo bien.

Gracias a la Fundación Panamericana para el Desarrollo – FUPAD, hemos podido realizar diferentes actividades de generación de capacidad tanto para miembros de la organización como para las comunidades de ciudadanos solidarios. FUPAD, junto con otras organizaciones están realizando diferentes tipos de apoyo a estas iniciativas, que van desde construcciones, y generación de capacidad, hasta este ejercicio de sensibilización e introducción en la temática.Luego de un análisis preliminar de la situación hemos propuesto esa estrategia de creación de capacidad con base en las buenas prácticas de la acción humanitaria, la acción sin daño y la gestión de riesgos.

Como es tradicional, en Kitum sabemos que dándole conceptos y herramientas adecuadas a las personas, estas pueden generar un valor enorme a la acción humanitaria que salva vidas y alivia el sufrimiento con base en los principios humanitarios. Es por esto que la primera parte de los ejercicios se basó en indagar los conceptos preliminares, clarificarlos y validarlos de acuerdo con los estándares nacionales e internacionales.

 

 

¿Cómo debería funcionar un albergue de paso con base comunitaria?

Solidaridad ciudadana basada en acción humanitaria, acción sin daño y reconocimiento de derechos

Lo primero que proponemos es establecer un marco conceptual claro sobre lo que se desea hacer. Es importante que todas las personas involucradas en los procesos de solidaridad ciudadana, comprendan los mínimos que deben orientar y regir estas acciones. Por eso hemos propuesto comprender, en un lenguaje sencillo: ¿Qué es la acción humanitaria? ¿Qué es la acción basada en derechos? ¿Qué es la acción sin daño?

Al hablar de “Acción Humanitaria” nos ceñimos a la definición que hace la Resolución de las Naciones Unidas AG 46/182 que dice que “…es acción humanitaria toda acción que busca salvar la vida y aliviar el sufrimiento de los afectados por violencia armada, siguiendo los principios de Humanidad, Imparcialidad y Neutralidad”. Posteriormente el principio de la independencia operacional sería agregado a esta lista. Si bien esa definición se ha usado tradicionalmente para orientar las acciones de las organizaciones humanitarias, aplica perfectamente a esta iniciativa, y lo hace en mayor medida toda vez que la violencia sigue estando presente en la zona.

No podemos valer de diferentes recursos para comprender que es la “acción sin daño”. Hace años un profesor nos decía con insistencia “El camino al infierno está empedrado de buenas intenciones” y tiene mucha razón. Esta frase es un crisol de lo que sucede cuando las personas realizan acciones solidarias sin tener en cuenta algunos elementos de cada intervención que al final terminarían generando más perjuicio que bien, así estas acciones estén basadas en la buena intensión. Como lo dijeran los participantes de esta experiencia “Por hacer más se hace menos”. De esta manera hemos dejado claro que “si lo que vas a hacer no va a dejar a la persona que quieres ayudar en mejores o al menos iguales condiciones de las que está; es obvio que será mejor no hacer nada”. Esta es la esencia de la “acción sin daño” .

Y es que es tan relevante este concepto que incluso existe un “Muro de la infamia” de la acción con daño, en donde se evidencian malas prácticas en diferentes partes del mundo, que han consumido recursos valiosos y que han afectado negativamente a los usuarios. Los ejemplos van desde paquetes de comida empacados con los mismos colores y empaques similares a los que usan los explosivos, contenedores con miles de zapatos empacados sin caja, sin inventario e incluso en malas condiciones. De este concepto derivan los principios de la “Buena donación humanitaria” de los que hablaremos en otro momento.

Tengo que decir que el conocimiento previo de los participantes era extenso y si bien los términos que usaban no eran los mismos, sí que la tenían clara la esencia de estas dinámicas, lo que resulta además lógico pues ellas y ellos habían sido beneficiados por acciones humanitarias anteriormente.

Lo segundo gran elemento es comprender la dinámica propia de los albergues, y más en el contexto de peligro de la afectación múltiple donde se desarrolla este ejercicio. Esto es, que existe la probabilidad de eventos que requieran que las personas hagan uso de los albergues, tanto por violencia como por desastres.

En este punto la referencia obligatoria es el Manual del Proyecto Esfera (que dicho sea de paso, ha publicado su actualización a final de 2018 y ya se encuentra disponible en línea).  Aunque para esta iniciativa ha resultado mucho más efectivo el uso de la “Caja de Herramientas para la gestión de Albergues”, elaborada de manera conjunta por la Organización Internacional para las Migraciones, Naciones Unidas, la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo en Colombia y Colombia Humanitaria. Si bien el documento y los materiales de apoyo e elaboraron en el marco de la emergencia causada por la Oscilación Climática del Sur (Más conocida como el fenómeno de la niña y el niño que en Colombia ha sido el desastre con mayor número de afectados) ha incluido tanto las normas internacionales como la reglamentación local. Es realmente un documento muy valioso y sus materiales de apoyo muy útiles. En particular la “guía para el gestor comunitario” que tuvimos la oportunidad de recorrer durante las capacitaciones.

El ejercicio consistió en hacer una indagación preliminar del conocimiento de las personas sobre las generalidades del albergue, y luego contrastarlo con la recomendación técnica. No es de sorprender que la comunidad conociera las características de un albergue pues, como hemos dicho, ellos han sido sus beneficiarios. Posteriormente se realizaron recomendaciones en relación con el trabajo en red identificando tanto las autoridades como las organizaciones y sus capacidades y servicios que prestan. Se destaca la necesidad de un directorio de contactos y unas capacidades mínimas para establecer al menos comunicación con los otros actores que posibiliten una ruta de referencia, por ejemplo para casos particulares que requieren asistencia en salud o protección. En este marco el papel de FUPAD seguirá siendo fundamental para facilitar esa comunicación.
Adicional a lo anterior, se suministraron algunos instrumentos que permitieron realizar una evaluación inicial del proceso. Evaluaciones que iban desde el reconocimiento del terreno, la identificación de oportunidades, hasta incluso una matriz de evaluación de riesgos y peligros con base en los modelos de Seguridad y Salud en el Trabajo. Todo esto orientado a la comprensión general y el fortalecimiento de la hoja de ruta de la iniciativa.

Para finalizar hemos de reconocer de nuevo el enorme valor que tienen esas iniciativas de base comunitaria. Nos alegra haber podido acercar las herramientas, conceptos y mejores prácticas a estas personas que quieren ayudar y lo quieren hacer bien. Es importante que otras organizaciones aporten también su hacer en esta línea.

¿Conoces de otras experiencias de solidaridad ciudadana similares? ¿Qué otro material sería útil para los ciudadanos solidarios? Cuéntanos en info@kitum.org 

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